LA FUERZA DEL COLOR
Los primeros años en la vida de Vera Eisenberg están marcadas por el drama y la tragedia. Es lo que se puede esperar de alguien nacido en Hungría en 1943, cuando la Segunda guerra mundial azotaba Europa. Ella afirma que su trabajo esta impregnado de aquellos terribles recuerdos aunque la familia Eisenberg hubiera arribado a un destino a salvo en la Argentina en 1951. Desde entonces el terror y la persecución quedaron atrás para bien. Ella buscó refugio y el modo de expresarse en el arte.
Luego de un periodo en la "Liga de Estudiantes de Arte en Nueva York", obtuvo su principal formación con artistas locales como Ana Tarsia,Victor Chab, Kenneth Kemble, Luis Felipe Noe y Carlos Cañás.
Entonces no es sorprendente que su obra muestre tanto talento, aunque ella mantiene una personalidad totalmente propia.
La reciente exhibición está regida por la arquitectura en la mayoría de los casos. Más aun, lo que impacta a primera vista es el magnífico uso que Eisenberg hace del color, especialmente vívidos, saturados azules. Luego el espectador es llevado a una mezcla confusa de formas que contrasta abrúptamente, combinando zonas totalmente gestuales junto con otros planos prolijamente diseñados. Hay también una excelente interacción de estructuras que giran locamente hacia el cubismo o estallan como en un concierto de Bartok.
Por momentos todos estos elementos se muestran luchando y compitiendo para atraer la atención en una misma obra. Otras dejan al espectador los restos de una fantástica metrópolis de ciencia ficción después de una guerra nuclear: un conjunto de formas cúbicas cuyos colores se resisten a apagarse.
Este dinamismo está a menudo enfatizado por el formato irregular, agudo y angulado de las superficies que ella utiliza, reorganizándolas como dípticos y trípticos. Igualmente la artista logra momentos de gran belleza lírica como en la rapsódica "Horizontes", cuyos azules muestran una turbadora interacción de exaltación y conflicto.
Ciertamente una muestra impactante.